29 marzo, 2013

COMPETITISMO: empezando por casa.

Cuando pensé en que sería bueno explorar y refinar este concepto que se me ocurrió del “Competitismo” me dí cuenta que tenía que comprobar si yo mismo lo estaba respetando en mi propio trabajo, en mi propia vida, con mis valores personales. Y entonces recordé lo de “mis siete preguntas” que les cuento en esta nota.

Cuando estoy trabajando con alguna empresa que ha confiado en mi porque piensa que la puedo ayudar a pensar en la dinámica de sus negocios, me pregunto siete cosas.

La primera, es si estoy aplicando bien la base conceptual y el protocolo metodológico. Aquí el eje es la aplicación. ¿Puedo detectar algún error o alguna omisión o algún sesgo en mi práctica? ¿Cómo y cuándo lo corrijo para respetar lo aprendido con estos conceptos y con esta metodología?

La segunda pregunta apunta a descubrir si lo que estoy viviendo en el caso que tengo en ese momento entre manos, si esa organización nueva o ese nuevo compromiso con una organización ya conocida por mí, están confirmando el rigor conceptual de los modelos y la eficiencia y efectividad práctica de mi metodología.

Busco confirmar la precisión práctica del protocolo metodológico. Aquí la palabra clave es “confirmación”. ¿Estoy sustentando a través de este nuevo trabajo una nueva experiencia que refuerza los conceptos y la metodología? ¿Lo estoy registrando como una nueva lección aprendida?

Por supuesto, la confirmación trae también aparejada una exigencia metódica de refutación. Un intento de falsar mi modelo.

Intento detectar cualquier indicio sospechoso que opere como alarma cognitiva. Y entonces, me pregunto si está sucediendo algo que pudiera indicar que algo no funciona como debiera.

Si la respuesta es afirmativa, la tercera pregunta es ¿estoy descubriendo un área conceptual o un paso metodológico que se está des-confirmando? ¿Detecté la refutación entera o tengo quizás todavía algún punto ciego cognitivo de otra cosa que se está refutando y no la veo? ¿Estoy seguro que no estoy encapsulado en el trastorno de la “confirmación cognitiva forzada”, que es la desesperada búsqueda por salvar lo que sé y lo que creo?

La “Confirmación cognitiva forzada” o la trampa del romance entre la teoría y su autor.

La cuarta pregunta tiene que ver con el “cruzamiento”. Dado que mi trabajo es tan interdisciplinario ya que abarca desde la economía y la administración hasta las ciencias cognitivas, ¿estoy detectando algún otro dominio disciplinario o científico que podría aportar a lo conceptual o a lo metodológico? Este es un aspecto que me parece que jamás debemos descartar, sobre todo y por ejemplo, si tenemos en cuenta lo que la biología le aportó a la ciencia de la organización en los últimos años. ¿Qué nuevas perspectivas están convergiendo? ¿Estoy padeciendo el trastorno de miopía cognitiva? Estas preguntas me las hago siempre.

La quinta pregunta se relaciona con la transferencia (no en el sentido de la psicología psicodinámica sino en el sentido del aprendizaje). ¿Estoy transfiriendo mis conceptos y mi metodología al cliente? ¿Se los estoy enseñando? ¿Los miembros de la organización los están aprendiendo? ¿Estoy comprobando que la gente de esa empresa ya domina mis conceptos y métodos o sólo estoy escuchando frases bonitas que engordan mi ego?”.

Me pregunto si la transferencia, el aprendizaje, también alcanza a mi equipo. ¿Les está sirviendo para su propio desarrollo profesional? ¿Estoy abriendo campos nuevos que me permitan delegarle más responsabilidades?

Yo también tengo un deber ineludible e imprescindible de desarrollo de los míos.

Y, como no puede ser de otro modo, esto nos remite a la superación constante basada en la actualización y en la innovación. Así, la sexta pregunta, aparece la pregunta sobre qué estoy logrando mejora continua, de todas las preguntas anteriores y de esta nueva experiencia. ¿Estoy incorporando nuevos conocimientos que circulan en los mapas mentales de los miembros de esta organización? ¿Cómo acoplan con los míos? ¿De dónde los aprendieron? ¿Estoy confirmando su rigor? ¿Estoy incorporando algo nuevo a mi protocolo metodológico?

Y así llegamos a la séptima y última pregunta. La pregunta más importante de todas: ¿estoy respetando los valores, mi marco axiológico, esos valores que si no puedo respetar trabajando en esta nueva experiencia inmediatamente la doy por cerrada? Esta es la pregunta sobre quién soy, sobre cómo quiero ser.

Entonces volvemos siempre, como siempre, al tema de los valores.

Ellos tienen que ver no sólo con pensar sino con pensar en grande. Me parece que todo ser humano tiene –o, por lo menos, debería tener– algo que marca el sentido de su vida. Un motivo superior por el que se guía a través de toda su flecha de tiempo, de esa caravana de la que forma parte y que se dirige a un puerto de destino deseado. Eso, para mí, es trascender, ser en otro.

Mi motivo, mi guía, es que mi familia esté orgullosa no de cuánto gano sino de cuántos granitos de arena estoy aportando en la obligación que todos tenemos de ayudar a ennoblecer a la humanidad.

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