27 marzo, 2013

EL COMPETITISMO: lo social y lo ambiental

Siguiendo con mi elaboración y refinación de lo que he llamado “Competitismo”, en esta nota quiero recuperar un concepto que ha sido prioritario en los modelos que he presentado en el mundo profesional y en el mundo académico. Es el criterio de “finalidad última” de las organizaciones en general y de las empresas en particular.

He sostenido que para una empresa la finalidad última ha sido tradicionalmente la de crear valor económico, entendido como el incremento del valor del patrimonio neto. Que este no es un “objetivo” ya que un objetivo puede no ser el mismo para todas las empresas mientras que toda empresa procura crear valor económico. Hasta puede suceder que, en determinado momento, una empresa sacrifique el objetivo de maximizar su rentabilidad en un período de tiempo para incrementar su capacidad de crear valor económico. Es el caso de introducir una nueva tecnología industrial que en un primer período provoca una ruptura del “efecto experiencia” con el consiguiente deterioro de la eficiencia, la productividad, los costos y los márgenes, pero que, por disponer de esa nueva tecnología, la empresa “vale más” a valor mercado si estuviera en venta o si sus acciones cotizaran en las bolsas de valores.

Esta es la finalidad última (yo la llamo “restricción ontológica” ya que se trata del “SER” empresa).

Pero así como en mi primera nota que he llamado “El Competitismo” he hablado del nuevo contrato psicosociocognitivo de la gente que integra la organización y fundamentado que la capacidad de innovación, clave de la supervivencia, depende de las habilidades distintivas de esa gente, también hoy presenciamos la consolidación de un nuevo contrato psicosociocognitivo. Es el de la Alta Dirección.

Este nuevo contrato ya no se limita al concepto de creación de valor económico, sino al de creación de valor sostenible y sustentable.

Mi concepción de Competitismo implica que la creación de valor es sustentable si abarca no sólo lo económico sino también lo social y lo ambiental.

Y mi concepción de Competitismo implica que la creación de valor es sostenible si los recursos tangibles e intangibles de los que dispone la empresa, y que puede defender en entornos hiperdisruptivos, le permiten poder mantener en el tiempo la creación de valor.

El Competitismo considera que la empresa busca crear valor sustentable y sostenible, asumiendo un nivel de riego estratégico que la cultura de los miembros de la “coalición gobernante” de esa organización consideren “aceptable”.

Esto es, en el espectro que va desde el extremo de la absoluta aversión al riesgo hasta el extremo de la absoluta propensión al riesgo, la creación de valor pueda ser sustentable y sostenible dado el riesgo que incurre por participar en los conflictos competitivos en los que decide participar (emprender) invirtiendo (arriesgando) sus recursos.

Estoy tentado a defender que el Competitismo puede llegar a ser entendido como un “metacapitalismo” (de ninguna manera un “neocapitalismo”). Pero todavía no estoy muy seguro.

Comparte esta nota!