16 marzo, 2013

El “profesor” y el profesor

Vamos a imaginarnos que hoy es marzo de 2013. Que hoy empiezan las clases. Que arranca el primer cuatrimestre y que vos sos el profesor. Vamos a imaginarnos que sos el profesor de una de las materias de uno de los departamentos de una de las carreras de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (sólo para que yo pueda escribir esta nota sintiéndome en casa ya que hace más de treinta años que hago exactamente eso y hoy estoy con mucha bronca por haber escuchado algo que te voy a contar enseguida). También vamos a imaginarnos que este es el primer cuatrimestre que tenés todo un curso a tu cargo. Sos el profesor.

Ya estás en el aula y ahí enfrente tuyo tenés el aula llena de cómo cien alumnos que todavía no conocés. Hoy empieza un viaje que termina dentro de cómo treinta y seis interacciones entre vos y cada uno de ellos (aunque no te des cuenta porque crees que eso que tenés adelante es una “masa” a la que “le vas a dar clase”).

Bueno, empezamos mal. Eso no es una masa. Eso es un “cada uno” o una “cada una” con quien vas a interactuar para cumplir con el deber sagrado de darle todo lo que puedas para que esta caravana que hoy empieza le sirva desde lo profesional, desde lo académico y desde lo humano.

Lo que te decía que te iba a contar es que hoy estoy con mucha bronca porque otra vez escuché (lamentablemente por centésima vez) a un imbécil decirle a un imbécil que esos y esas son cada vez peores. Que no les importa nada. Que sólo quieren zafar y “robarte” la materia y que no quieren aprender y que quieren que pasen las dos horas lo más rápido posible para salir de ahí de una buena vez y que no les jodas más hasta la próxima. Y vos tenés ese veneno (si te creíste eso que te dijeron) y los tenés allí enfrente y la ráfaga emocional de ese veneno, aunque no te dés cuenta, está rondando en los vericuetos de tu arquitectura mental y del resto de tu ”vos” y en esa arquitectura mental tuya se te está configurando la teoría de que en la arquitectura mental de cada uno de esos delincuentes indolentes negligentes irresponsables haraganes y descerebrados no hay más que ganas de sacarse de encima la materia y que te vayas. Te dije que empezamos mal.

Pero entremos de vuelta al aula imaginando otra historia con otro guión. Imaginemos que por un momento hacés foco sólo en uno o en una de ellos. Imaginemos que hacés foco en Alejandra. Ale tiene 22 años, le faltan siete materias entre las cuales está la tuya y además están las otras tres que va a cursar este cuatrimestre y que si todo sale bien se podría recibir en diciembre.

A Ale, como a vos, le pasa que en su arquitectura mental tiene expectativas, objetivos, alegrías y tristezas, memorias de otra gente, memorias de las cosas aprendidas con las que interpretará las cosas que vos crees que tenés que tratar de que aprenda para que le sirva tu materia (y tu ejemplo como persona), recuerdos de otras materias, memoria de ejemplos de otras interacciones (acoples conductuales de acoples conductuales) con otros “profesores” y con otros profesores y (aquí viene lo más importante que te quiero contar), también tiene otra cosa que tenés que saber. Ale tiene una construcción subjetiva en su arquitectura mental de algunas cosas que tenés que tratar de descubrir si realmente querés cumplir con tu misión.

En su arquitectura mental hoy Ale tiene la construcción subjetiva (racional/emocional) (más o menos conciente) de cuál es el objetivo que quiere lograr siguiendo esta carrera, de cuál es la constelación de atributos esperados que constituye su “materia ideal” y de cuál es la constelación de atributos esperados que constituye su “profesor ideal”.

Entonces aquí tenés que enfrentar las distintas direcciones en la que se abre este camino. Podés decidir quedar como “que tipo de onda” y que solamente todos la pasemos bien y que termine el cuatrimestre. Podés aferrarte a lo que te dijo el imbécil y creer que vos dás clase bien y que Ale no entiende o no estudia o no le importa y entonces la vas a “evaluar” y “calificar” con un dos (porque el imbécil te contagió y no te dás cuenta que la “calificación” debe ser la evaluación del resultado emergente de la interacción entre vos y ella). O puede ser que te des cuenta que tenés un montón de responsabilidades.

Te va a parecer imposible de cumplir ese montón de responsabilidades pero es lo que yo creo que por lo menos tenés que considerar como un ideal de tu misión. Ale tiene un objetivo que quiere lograr siguiendo esta carrera (influido por cientos de interacciones anteriores) que vos tenés que ayudarla a logar y, quizás, ayudarla a confrontar y, quizás, ayudarla a modificar. Esto tiene que ver con que en algún lugar y en algún momento Ale comprendió cuál es la conducta terminal esperada del perfil de graduado de esta carrera. Ella lo tiene claro?. Y vos?. Qué responsabilidad que tenés!

Ale también tiene en su arquitectura mental la constelación de atributos esperados que constituye su “materia ideal”. Pero además, Ale tiene una percepción racional/emocional de tu materia. Esta percepción también es una constelación de atributos que va construyendo a medida que va percibiendo. Ale compara lo que espera con lo que percibe. Pero aquí está bien clarita otra de tus responsabilidades. ¿Esa imagen que tiene de su materia ideal (construcción subjetiva en su arquitectura mental) es la que tiene que tener? Pero, ¿quién dice cómo debe ser?. Y esto no lo podés enseñar porque primero lo tenés que aprender. Pero ¿de quién?. Entonces esta responsabilidad la tenés que cumplir interactuando con tus pares, indagando con tus jefes formales académicos o con los que vos creas (ojo que es subjetivo) que son los que saben más que vos (si, algunos saben más que vos de lo que vos sabés menos que ellos).

Y entonces lo primero de todo es darte cuenta que tu principal objetivo es que Ale reconstruya lo que se espera como ideal de esta materia. Esto sólo lo podés lograr si realmente sabés mucho y si además sabés ser profesor. Ahora sigue la interacción con Ale que va a ser exitosa si Ale incorpora en su arquitectura mental (en su memoria semántica) los conceptos que vos crees que tenés que ayudarla a incorporar, incluyendo el concepto de que nunca debe pensar que terminó de incorporar todo lo que tiene que incorporar hoy y mucho menos mañana.

Y ahora viene lo más importante. Te acordás que antes dijimos que Alejandra tiene en su arquitectura mental la constelación de atributos esperados que constituye su “profesor ideal”. Esa imagen puede adoptar cientos de perfiles que no sirve que discutamos aquí. Lo que sirve es que te des cuenta que vas a dejar una marca (quizás una marquita insignificante que perdurará un tiempito cuando termine el cuatrimestre o quizás una marcota que perdurará toda la vida). Llegamos a la responsabilidad principal. Ale te está evaluando (así como tus hijos te están evaluando como padre). Ale te está calificando (así como tus hijos te están calificando como padre). Aunque no sepa cómo tiene que evaluar. Aunque tampoco sepa cómo te tiene que calificar. Pero vos tenés que saber que tenés que ser un modelo a imitar como persona. Y esto tiene que ver con cuáles son los valores trascendentes que proyectás como persona. “Trascender” es “ser en otro”. ¿Qué te parece si en otro “sos” Amor, Justicia, Compasión, Fortaleza, Humildad, Comunidad, Nobleza?. ¿Qué pensás si te digo que la mejor forma de asegurarte que vas a enseñar bien es si te hacés querer por la dignidad y la confianza que lográs por SER en los demás esos valores?

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