24 marzo, 2011

Rugby te quiero

Belgrano Day School. Ese era mi colegio. Desde Jardín de Infantes hasta Quinto Año. El rugby era como sagrado. Todavía el colegio no tenía un campo propio de deportes y entonces el equipo entrenaba en el club Belgrano Athletics. Me encantaba. Quizás el rugby fue uno de los principales disparadores de porqué me especialicé en lo que me especialicé. Estrategia, Planeamiento. Táctica. Espíritu de Cuerpo. Alineamiento. Trabajo en Equipo. Trabajo DE Equipo (que es otra cosa). Ponerle el pecho y el alma a la derrota. Ponerle humildad y amistad a la victoria.

Pero yo no podía jugar.

Había tratado en la sexta bien chiquito. Después en la quinta. Pero no podía jugar. Ni siquiera podía entrenar. Tenía asma.

No tenía más remedio que quedarme sentado al borde de la cancha viendo a mis compañeros entrenar y jugar. Cómo me hubiera gustado estar con ellos. Pelear con ellos. Festejar con ellos. Pero no pude. Yo estaba para el tercer tiempo.

El asma me la curó tocar muchos años varias horas por día saxo tenor. Era miembro de la banda del colegio que muchas veces ensayaba mientras que el equipo entrenaba.

En el living de mi casa lo estoy mirando brillando dorado en su trípode negro. La última vez que toqué fue hace cinco años cuando mi hija Hannah cumplió 15 años y de sorpresa le toqué “Bella y Bestia” que le encantaba de chiquita. Hasta toqué en Punta del Este con Vinicius y Toquinho.

Pero nunca pude hacer un try.

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