10 mayo, 2011

Seguidorazgo

Imagínese al capitán de un equipo de rugby. Vamos a suponer que es el que juega de Apertura y que se llama Carlos. Todo el equipo lo considera un modelo a imitar. Por como juega, por como actúa, por ser un ejemplo como persona, por sus valores. Los demás miembros del equipo lo siguen activamente, cuando están entrenado expresan abiertamente sus opiniones aunque en el momento del partido ante el oponente siguen al pié de la letra lo decidido en el entrenamiento. Cada uno de ellos son excelentes seguidores. Han aprendido el complemento imprescindible del liderazgo. A esta capacidad la vamos a llamar “seguidorazgo”.

Pero Carlos admira profundamente al entrenador del equipo, que se llama Jorge, aunque Jorge no esté en la cancha jugando sino siguiendo atentamente el partido desde afuera. Carlos recuerda cómo jugaba Jorge cuando era Hooker. Jorge fue siempre su modelo a imitar. Su líder. Carlos sigue los consejos de Jorge cuando están preparándose antes de cada partido. Seguimiento activo y pensamiento crítico son las dos cualidades que Jorge le enseñó a Carlos que debía ejercitar para aprender seguidorazgo. Y Carlos las aprendió y es un gran seguidor.

No será que uno no puede ser un líder y pretender que otra gente lo siga a no ser que él sepa también ser seguidor? No será que la pasión por guiar a otros no tiene sentido a no ser que esté acompañada por la pasión por aprender?

En un manual de los Marines dice:
“Para ser un líder efectivo usted debe ser un buen seguidor y dar el ejemplo a sus Marines . . . Como joven Marine, usted ha pasado la mayor parte de sus años de formación siguiendo y demostrando señales de liderazgo. A través del estudio y del intento de adherir a los principios del liderazgo, usted ha tenido la oportunidad de copiar el estilo o los métodos empleados por sus líderes pasados y presentes. Si usted, como seguidor, ha podido comandar la combinación de atributos que ha observado en sus líderes, usted será un gran líder” (P. Towsend y J. Gebhardt, “Five-star Leadership”).

El seguidorazgo debe ser valorado, entrenado, desarrollado, admirado y premiado tanto como lo ha sido el liderazgo. Los líderes no sirven para nada sin seguidores. Los líderes son apenas efectivos con seguidores apáticos (espectadores o meros “pasajeros” en la ruta). Los líderes son de alta efectividad cuando los seguidores son tan profesionales en su actitud ante el seguidorazgo como los líderes lo son con respecto al liderazgo.

Estos seguidores ejemplares son aquellos que activamente están comprometidos con su líder y que además demuestran un pensamiento crítico independiente.

Mi querido amigo Justino Bertotto lo ejemplifica con un Estado Mayor militar. En determinados momentos de planeamiento, los miembros del Estado Mayor ASESORAN al Comandante, pero en momentos de ejecución, ya definido el camino, esos mismos profesionales ASISTEN a ese Comandante en el logro de la misión.

Pero no alcanza con ser sólo un pensador crítico o con ser sólo un seguidor activo. Seguidorazgo implica la combinación de los dos atributos. Un pensador crítico pasivo se puede convertir en un seguidor alienado y un seguidor activo sin pensamiento crítico se puede transformar en un conformista que no entiende dónde va.

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